Existen palabras polivalentes, que —explicación para despistados— quiere decir que tienen más de un significado. Álex Grijelmo se refiere a estos casos imaginando racimos de palabras, y es así como términos que incluyen la partícula ur entre sus letras aluden a lo oscuro, a lo turbio, y las palabras bomba, tromba y tumba nos estallan en la cara.
Pero el caso de virtud y sus derivados es realmente un extremo, pues guardan significados diametralmente opuestos entre sí. Una virtud es la facultad de hacer algo (tiene la virtud de correr a gran velocidad), pero también es una cualidad de alto rango moral (una persona que ha llevado su vida con virtud). Así, una persona virtuosa es quien ha demostrado seguir los dictados de la moral, pero también es alguien que sobresale en el desempeño de una actividad (es un virtuoso del violín). Pero, así como facial es lo que tiene que ver con la faz, el término virtual alude a virtud en el sentido de facultad de hacer algo. Nada más que la facultad, pues el uso del término virtual ha limado su antiguo significado y lo ha convertido en imitación de la facultad de hacer algo.
Por ello, la realidad virtual nos ofrece una imitación de la realidad, y hacer algo virtualmente equivale a no hacerlo de manera formal, aunque sí de manera que todo quede como si se hubiera hecho (virtualmente ganaron las elecciones). Así, tenemos los ambos extremos posibles: se puede tener la virtud de hacer algo virtualmente. De un concepto ligado a la verdad y a la moral, a otro pletórico de irrealidad, de insuficiencia.

También están los que tienen la virtud de no hacer nada pero se creen virtualmente los dueños del mundo (Presidente del Mundo, dijera Galeano)
El lenguaje es una coas súper interesante. Es algo vivo y mutante. Y no estoy hablando de palabras nuevas solamente. Como ejemplo voy a los últimos cambios «voluntarios» a la gramática castellana de la Real Academia (algunas palabras acentuadas, diptongos, etc.) Para los puristas del lenguaje es como arañar un pizarrón. A mi, de cierta forma, me gusta.
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Me abrumas, amigo.